Hacer músculo no es vanidad, es un seguro de vida

Hacer músculo no es vanidad, es un seguro de vida

Hay fuerzas que nadie planea necesitar. Nadie empieza a entrenar pensando en una cirugía, en una caída inesperada o en un accidente que obligue al cuerpo a detenerse.

Generalmente entrenamos, o pensamos en hacerlo, por razones más inmediatas como sentirnos mejor o vernos distintos frente al espejo. Pero el cuerpo no vive solo en el presente. El cuerpo guarda, acumula y se prepara, incluso cuando no lo hacemos de forma consciente.

La masa muscular y la fuerza funcionan así: como una reserva silenciosa. Están ahí, trabajando en segundo plano, hasta que un día el cuerpo las necesita para algo más que vernos bien, caminar, cargar el súper o subir escaleras. La necesita para sanar.

Cuando una persona con poca masa muscular enfrenta una cirugía, una caída o una lesión importante, el proceso suele ser más largo y más complejo.

El cuerpo tiene menos tejido activo del cual echar mano, pierde fuerza con mayor rapidez y tarda más en recuperar movilidad e independencia. Desde la fisiología esto es claro: el músculo no solo nos mueve, también regula el metabolismo, almacena aminoácidos esenciales y participa activamente en los procesos de reparación. Cuando no hay músculo suficiente, la recuperación se vuelve más complicada.

En cambio, un cuerpo con buena masa muscular llega mejor preparado a los momentos difíciles. No porque evite el dolor o el reposo, sino porque tiene reservas. Tiene de dónde agarrarse. El músculo actúa como una armadura: sostiene, protege y permite que el cuerpo responda mejor al estrés que implica una intervención quirúrgica, una quemadura o una lesión traumática.

Esto no tiene que ver con estética ni con rendimiento deportivo.

Tiene que ver con resiliencia. Tener músculo no es vanidad; es una forma profunda de autocuidado. Es una inversión en la capacidad de levantarse, de volver a moverse, de recuperar la funcionalidad cuando el cuerpo se ve obligado a parar.

Y algo importante: esto no es exclusivo de atletas ni de personas jóvenes. Mejorar la masa muscular está al alcance de todos. El cuerpo es adaptable a cualquier edad cuando se le estimula de forma progresiva y consciente. No se trata de levantar cargas máximas todos los días ni de entrenar perfecto, sino de enviarle un mensaje claro al cuerpo: te necesito fuerte.

La ciencia respalda esta idea. Estudios muestran que incluso pequeñas dosis de entrenamiento de fuerza, realizadas de manera constante, generan mejoras significativas en masa muscular, fuerza y capacidad funcional. Diez minutos también cuentan. Un par de ejercicios bien hechos, repetidos semana tras semana, son infinitamente mejores que no hacer nada.

El cuerpo no responde a la perfección, responde a la constancia.

Construir músculo es una decisión que no siempre da resultados inmediatos visibles, pero que cobra un valor enorme cuando más se necesita. Es una forma de pensar a largo plazo, de cuidar al cuerpo no solo para hoy, sino para los momentos inesperados.

El mejor día para empezar a construir esa reserva era ayer. El segundo mejor día es hoy.

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